Noche de planes y proyectos
Decir noche es decir sueño, pero también es decir vida. Durante la noche miles de historias suceden. Pequeños hurtos. Atracos con violencia. Caricias robadas. Un niño se acuesta temprano para ir al colegio. Una madre se desvela porque su pequeña tiene un poco de fiebre. El panadero realiza su rutina. El bombero lee durante su guardia las noticias de un periódico que ayer salió a primera hora.
Y el lugar es indiferente. Da igual si es España, Kenia, Chequia, Suiza, la mesa de un bar o el aeropuerto donde permanezco esperando mi vuelo próximo con dirección a Málaga.
El tiempo es tiempo y las personas son personas. Y cuando los ponemos juntos y los relativizamos con el prisma de una persona, lo llamamos vida. Vivir bien se traduce en elegir aquellos con los que compartes tu tiempo y atención, además de decidir qué hacer con tu tiempo.
Tras pequeños problemas técnicos con alguno de los servicios centrales, empleé la noche de ayer trabajando en uno de mis proyectos. Sólo el elevador que conduce al túnel interrumpía de vez en cuando la quietud de la noche. Me sorprendí un poco de constatar que estuviesen trabajando en él veinticuatro horas al día e inmediatamente pensé, «sí, pero en turnos, no como tú hoy, majadero». Me encanta ridiculizar y reírme de mis desgracias. Quizás sea una de las mejores cosas de ser gaditano.
Durante dos semanas he estado durmiendo menos de cinco horas diarias. He cambiado de hábitos. Ahora me rodeo de gente de distintas nacionalidades al despertar, trabajar, comer y dormir. Me dicen que he perdido parte de mi acento, que me ven más delgado. Me encuentro cómodo hablando en inglés. Pienso en él en voz alta. Todo responde a un plan maestro. Quiero mejorar mi comunicación con alguien. Me encanta hacer planes. Planes alternativos a esos planes y planes que apoyan, impulsan y fortalecen otros planes, propios y ajenos.
Tras un día y diez horas decidí que el mejor plan era ir a dormir a eso de las cinco y media post meridiano, levantarme seis horas después para hacer el equipaje y finalmente dar con mis huesos en el aeropuerto. Teóricamente para trabajar, pero incluso a estas horas ya me asalta la vena literaria. Menudo plan ¿eh, chica?.
Tengo un jefe, un supervisor y una directora de proyecto que no merezco porque son geniales. Tengo la suerte de contar con amigos y buenos amigos, aunque pronto se me marchará uno de los buenos, a ese país del extranjero llamado España.
Un húngaro, compañero de chalet, se marcha el Lunes para no volver. Nos cruzamos hará dos horas. Antes de conocerlo, por el departamento, supuse que se trataba de un físico y lo imaginaba con barba canosa y bigote. El típico estereotipo cerniano que, se supone, debe poseer un buen físico. Nada más lejos de la realidad. Cuando le puse al corriente, rió de buena gana. Es un chaval joven, simpático, profesor de universidad y solidario. Recuerdo cuando nuestra perra, Azit, rompió la bolsa de desperdicios que olvidamos retirar del interior de la cocina y ayudó a limpiar todo. Le he dicho que intercambiaremos correos. Ojalá conozca a alguien que le dé un buen empleo ocasional e internacional, que le permita llegar a fin de mes. La cosa está muy jodida allí, aunque su situación no sea la peor.
Anduve de Saint Genis al emplazamiento del CERN en Meyrin, donde cogí el autobús número nueve. No me fío del trasporte francés, aún teniendo seis horas por delante. La preocupación por la puntualidad suiza es deliciosa y la impaciencia de esperar nada es algo que me viene ardiendo en las venas desde hace unos meses.
En el camino descubrí que los franceses también gustan de acostarse tarde. Era fiesta nacional en Francia.
En un pueblo tan pequeño como Saint Genis ya existe el caldo de cultivo idóneo para la aparición de los canis. Todo avivado por los sueños derrotados de algunos adolescentes que, en su becerrismo, son incapaces de apreciar la oportunidad que tienen frente a sus narices. Participar en lo que se está descubriendo en un lugar muy próximo a sus casas, y también bajo ellos. Quizás haría falta que la profesora del show televisivo «Operación Triunfo» viniese para decirles «vosotros también podéis triunfar». Lo que no hay son ganas de estudiar, ni de trabajar duro. Pero ¿el triunfo? ¿por qué no, si me lo estás ofreciendo?.
Ahora bien, como norma general hacen gala de una gran educación y respeto. Adoro la politesse francesa.
En este texto me he dejado de monsergas literarias. ¿Es este el inicio de un nuevo cambio?. Vivir es cambio. Vivir es relativo. Vivir siempre es personal.
Referencias
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Celebro tu nuevo estilo, más fresco y directo. Pero no olvides que hay veces que hay que "adornar" las ideas, y eso se te de de escándalo.
Por otra parte, tienes que dormir, acuérdate de lo que pasa sin te pegas tres días sin dormir...Banyuken — 17-07-2006 15:09:21
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Ya ya... a partir de ahora espero dormir más... no indicios de que encuentre a corto plazo razones para no dormir.
La verdad es que lo voy necesitando hehehe.Andandare — 17-07-2006 20:11:48
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Coincido con Banyuken, el estilo es directo y rebosa naturalidad, además haces una mezcla de ideas y sucesos que cuentan muy bien tu situacion y pensamientos sobre cosas normales como la puntualidad, la amistad, tu actividad y el día a día del CERN. Magustao!
Doktor — 20-07-2006 12:35:32