Reencontrar al fénix
Volar me aproxima al fénix con el corazón de niño. Con sus alas desplegadas, su incendiario y rojizo plumaje ilumina toda la tierra. Voy a vuestro encuentro, fénix.
¿Por qué permanecéis ahí? Bien lo se yo, que en este universo tengo el poder de conocer todas las cosas y no cambiar una sola. Los días se suceden. Apenas tenéis uso de razón y os atan nada más nacer. Pero la libertad no existe mi buen fénix. Como la seguridad, es una ilusión.
Y si llamáis libertad a poder ir donde quisieres, tenéis el poder de eliminar vuestros grilletes... sólo que siempre lo olvidáis... aunque vuestro ánimo recuerde. No tratéis de abalanzaros con tanta premura sobre la tierra. Recordad el dolor. Consumid al que no espera el regenerar de vuestro ígneo plumaje. Consumidlo y hacedlo cenizas, para mezclarlas con las vuestras y alcanzar su conocimiento cuando resucitéis.
Cuando lo hayáis logrado, id a por aquél que lo puso ahí para garantizar vuestro confinamiento. Pedidle explicaciones a quien ideó este sistema, de tal suerte que el bien de unos es la desventura de otros.
Una vez vuestra alma estuvo en un cuerpo de hombre. Una vez nos reconocimos. Seguro que también esto lo habréis olvidado. También debería recordar, pero olvidé vuestra cara. Sobretodo vuestra mirada. Ha cambiado ya tantas veces.
Alcanzad el conocimiento de vuestro carcelero y después venid por mí, o contaminaréis vuestro corazón con la escoria de los que creen que otra realidad no es posible. Hacedlo antes de que yo mismo me contamine por vivir bajo vuestros ojos, rodeado en una realidad de la que se supone que aún debo aprender, desterrado de ese lugar cercano al que os mantienen preso. No se si en estos momentos tengo más ganas de formar parte de vos o que vos forméis parte de mí.
Es tan doloroso renacer día tras día. Vos tenéis el conocimiento de muchas vidas. Yo se dar nombres a vuestros recuerdos y se mucho más de lo que la mezcla casual de vuestras cenizas os hayan podido transmitir. Pero saber, no es vivir. Venid por mí. Acertad con vuestro plumaje hasta hacerme arder. Devolvednos a la estancia donde nos hicieron. Encarnemos a un ser que no albergue buenas, ni malas intenciones. Sólo las nuestras, mi muy preciado, cambiante y condenado a renacer mil veces, «alma de niño» fénix.

Precipitada la pluma
mientras cenizas se espera,
comienza el arder. La tierra.
Del ave que no se inhuma,
sólo quedan polvo y piedras.
Esencia fueron sin duda
del que ofreció alma desnuda.
Inmortal niño os eleva,
os presta sus sueños, su aire.
Porque quien renace olvida
nombres, gentes y desaires.
Mejor quereos otro día.
Sentís, hasta ahora infelices
dolores, sabiduría.
Referencias
URL para referenciasComentarios
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Dedicado a mi amigo rumano favorito... que me dio la idea, jejeje
Por cierto olvidé mencionarte que mi peluquero marroquí se te parece un montón ;-) JAJAJA.
Todo es ficción. Repito. Todo es ficción.Andandare — 02-07-2006 18:17:32
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Mi abuelo materno fue alumbrado en Larache, entonces español... ¿casualidad?
Banyuken — 03-07-2006 09:26:49
