Un duende llamó a mi puerta
Estoy inmerso en un período de actividad laboral e intelectual frenética. Y mis inclinaciones creativas claman por su huequecillo en mi vida.
Como un duende bajito y cabrón, arañan mi puerta. Acerco mi ojo a su minúsculo ojo de buey y nos cruzamos las miradas. Cuando me pongo de puntillas y miro hacia abajo, únicamente logro ver la superficie redonda de un sombrero de copa verde.
«¿Vas a abrir o no?».
Me lo estoy pensando, amiguito. Miro mi arsenal: un laptop, un montón de notas virtuales, que describen muchísimas tareas pendientes de hacer, pegadas sobre mi escritorio Gnome y un caso de ciclista.
Cierra el laptop. ¡Cierra el laptop!. Demasiado tarde. Ya ha entrado.
¿Qué te habrá traído a mi humilde sanctasanctórum, ser de imprecisos y verdes valles?. No hay nada que sacar hoy. Aún no he decidido qué historia relatar para darte vida. Has venido antes de que nacieras, por así decirlo. Da un poco más de tiempo a mi imaginación para conocerte. Pero ya que has venido, deberías contarme dónde vives y hacia donde te gustaría viajar. ¿Te gustará viajar?.
No te conozco porque no he sido yo quien te inventó. ¡Eres un personaje de una imaginación diferente! ¿Cómo habrás llegado hasta aquí? ¿Acaso el escritor que te cuidaba se cansó de transcribir tus aventuras?, ¿o me crees acaso el responsable de decirte lo siguiente que has de hacer?.
Vive, que aquello que crea de provecho lo dejaré escrito para ti. Pero no me pidas que te ordene alguna misión. No soy quién para decir a nadie qué ha de hacer, ni cuál es la forma más correcta de vivir.
Si me tenías por un oráculo, ya ves que sólo conozco bien a mis propias creaciones. Pero si lo que buscas es simplemente el consejo de un amigo, he aquí entonces la indicación del oráculo que viniste a buscar:
«Vive tu vida empleando tu tiempo en aquello que consideres que valga la pena... y no seas excesivamente cabrón, o acabarás por ser un infeliz, además de un completo esclavo de tus ambiciones y pasiones. Eso es todo.»
Él sabía que me refería a su olla de oro. Sólo el deseo de los hombres por encontrarla era capaz de superar la riqueza real que contenía. De repente, adiviné la razón por la que un avaro duende vendría a mí.
Su silencio, algo muy extraño en estos duendes según tenía entendido, dio a mi intuición el tiempo suficiente. Percibí los motivos que seguramente quería compartir conmigo. Simplemente surgieron en mi mente como una consecuencia sin causa. Sin desearlo. Como fruto del encantamiento que siempre se produce en humanos ante la presencia de seres fantásticos.
¿Por qué yo?, pensé. Una pregunta que a menudo nos hacemos, casi por el placer de sabernos conscientes de lo ignoto de la respuesta.
Mi descortés e intrusivo invitado había aprendido que el valor de las cosas es siempre relativo. Que su olla no sería tan preciada, si todos los hombres no respondiesen al oro de la misma forma. Quizás había comprendido todo esto y venía a contarme cómo lo descubrió.
«Muy bien amigo, considéranos a mi laptop y a mí a tu servicio.»
Tras oír lo que quería, la voz impertinente y chillona, que antes me preguntó si deseaba abrir la puerta, comenzó a narrar con palabras atropelladas, nerviosas y caóticas, las peripecias de este personajito de imaginación foránea...
Referencias
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Oh, vaya!! así que tú también los ves? Ves duendes y hadas? Lo siento por ti, pero ya no tienes escapatoria, eres un cuentista reconocido y además, medio loco. Bienvenido al club.
Saludos cariñosos.Tautina — 30-06-2006 03:05:46
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Entonces eres tú quien me lo envía , ¿no? jejeje
Andandare — 30-06-2006 09:48:56