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Andandare

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Y el aventurero, torcida la última vereda, en volviendo la vista hacia atrás y con la congoja creciente por el destino inexorable que se le avecinaba, preguntó: ¿andandaré?.

Martes, 16 de mayo de 2006

Explicación sobre los poemas de “El Conde de Montecristo”

A petición de algunos conocidos paso a dar una descripción detallada del significado de estos poemas.





>I
>Pobre Edmond que se retuerce
>¿Te duelen los latigazos?
>¿Inocente dices, ingrato?
>¡Confiesa como perro que eres!

En el castillo de If, el presidio de muchos presos políticos y gente de la que en general no se quería volver a oír hablar, los presos celebraban el aniversario de su encarcelamiento con una tanda de latigazos. Una buena referencia temporal con la que anotar los años de enterramiento en vida.

>Frío sudor te estremece.
>La espalda, hecha un trapo.

Aquí me apiado de él.

>Cayos del mar en tus manos
>y rejas que no se vencen.

Las manos de un marino, hombre trabajador que ha conocido la libertad infinita que dibuja el mar en el horizonte, se ven impedidas por las rejas de una prisión. Impotencia y desesperación son los dos sentimientos que trato de plasmar en tan pocas líneas.

>Castillo de If, desgraciado.
>Donde van los de tu ralea.
>Asesinos y malvados.
>No oirán jamás tu queja.

Vuelve a hablar el carcelero, como si respondiese a una de las preguntas más demandadas por Edmond, cuando aún confiaba en el señor de Villefort: “¿dónde me llevan?”.

>Te han metido en mismo saco
>que aquél nacido en Galilea.

Me vuelvo a apiadar de él, comparándolo con Jesús de Nazaret, también ajusticiado injustamente.

>II
>Descansad mis sufridores
>porque ahora y aquí os vengaré.
>He escrito en la pared
>el fin de ciertos señores
>con uñas, dedos y sangre
>de mis manos y de mis pies.
>Aquellos en quienes confié,
>dispensaron lacerante
>semejante trato ingrato.
>Mil muertes no bastarán.
>Pagarán esos bastardos.
>Sólo al expirar conocerán
>el nombre del desalmado
>que creyeron encarcelar.

Nace el espíritu vengador en Edmond Dantés y el propósito de envilecer sus intenciones.

>III
>Tu venganza procurarás.
>Aunque no puedas perdonar,
>abate amigo comprende
>a quien enterraron chaval.

Edmond conoce a otro preso, que creía dar con una salida en lugar de otra celda.

Es sabio y rápidamente se percata de las ganas de ajusticiar de Edmod a los que le procuraron tanto mal. Tiene en cuenta que, al contrario de Edmond antes de ser un presidiario, él ya había hecho su vida. Tuvo tiempo suficiente para realizarse como persona. Tiempo que a Edmond, llegando ya a la madurez de sus proyectos, le fue arrebatado.

>IV
>Paternal viejo erudito
>rodeado rico y muerto
>de girones, que son libros,

El anciano murió en prisión, era rico porque tenía un tesoro al que momentáneamente no podía acceder. Muy instruido, fue maestro de la prole de sus mecenas. Durante años de confinamiento, con sus vestiduras y su sangre, escribió varios libros que hicieron harapos de sus ropas.

>por cometer el delito
>del silencio a la familia
>de ambiciones ostentosas,
>pobre en alma pecadora
>y amante de muerte ofidia.

En Italia hubo una familia que no dudaba en envenenar a sus invitados para aumentar su poder y riquezas. El sabio guardó el secreto sobre la localización del tesoro de los Spada.

Ofidia es la adjetivación del sustantivo ofidio. Debido a que ofidios son las serpientes, también se puede interpretar que la "muerte ofidia" puede deberse a la constricción y no al veneno. Supongo que en este sentido, por el contexto, el poeta se ha permitido una pequeña licencia semántica O:-).

Menciono “pobre en alma pecadora” porque dicha familia poseía algún vínculo genético con la jefatura del papado de aquél entonces -quiero recordar y siempre según la novela-, cuando escándalos de este tipo estaban muy al día y eran silenciados con amenazas de excomuniones y asesinatos.

>Magnífica fue su lección:
>aprovecha bien el tiempo.
>Divina armonía en canción
>de leal paciente preso,
>que atiende con atención
>las enseñanzas del maestro.

Cuando una persona es prisionera y su entorno no cambia, percibe la sensación de que ha llegado a un estado de eterna estabilidad. Da igual lo que se haga, así que ¿por qué no descansar y/o entregarse a los vicios más depravados al alcance de la mano?. No. Entre estudiar y no hacerlo, Edmond eligió cultivarse. Entre tener un amigo y descuidarlo, Edmond decidió compartir su realidad con un anciano que vivía en la miseria.

>V
>Renace de tus cenizas
>mi buen y fiel marino.
>Con tu barco de destino
>ve y juega cruel con la vida
>de todo aquel cretino
>que buscase tu ruina.

Aquí Edmond escapa milagrosamente, jugándose el cuello durante la caída libre de su peso muerto por el acantilado al que arrojaban los cadáveres de presos en el Castillo de If. Todo ello confiando en la holgazanería de los carceleros, de los que esperaba una inhumación poco profunda. Lo animo a que haga todo aquello que debe hacer y que queda escrito en la obra de Alexandre Dumas.

>Emplea ira desmedida
>contra supuestos amigos.
>Castiga para que sientan
>y penen con sinceridad
>tu sobrevivir.
>¡Tempestad,

A la hora de nadar a uno de los islotes durante la noche, casi muere ahogado. Transmito la idea del ojo por ojo y diente por diente que entendía Dantés como justa.

>para los que darás final,
>para los que no se enmiendan!.
>Justo pago es a su iniquidad.

No sólo pasaron los años para Edmond. También pasaron para los que mejoraron y afianzaron su posición por su desgracia. Tuvieron muchas oportunidades para cambiar y no lo hicieron. Sus maldades y traiciones fueron a más. La venganza de Edmond se ve dulcificada por el matiz de justiciero a los ojos de terceras personas, que padecen las influencias de sus antiguos amigos y conocidos.

Pero no nos engañemos. Pese a este punto de vista, las intenciones del conde no dejan de ser malignas.

>VI
>Un día en Italia renace
>aquél que mira, taladra

La primera aparición del Conde es en Italia. Su mirada es capaz de atravesar la de cualquier criminal (sea o no perseguido por la ley), sin importar su apariencia, estatus o riqueza. De ahí este “taladra”.

>y muerde, mientras ladra,

Hago una pequeña referencia al dicho "perro ladrador, poco mordedor".

Se dan situaciones en las que el conde es testigo, degusta en privado los resultados de la desgracia que él mismo ha procurado y trata, falsamente, de aderezar con deseos tranquilizadores, expresados verbalmente, al inexorable infortunado.

>la industria de los tenaces
>que medran cuando acaban
>con la vida que deshacen.

Un parásito es un ser que vive a expensas de otro ser, sin ofrecerle nada positivo. Los enemigos de Dantés son aún peores. Acaban con la vida que tocan.

>Tu justicia es implacable.
>A tu lado ya no escapan
>banqueros, reyes y truhanes.

De hecho, éstos eran algunos de los enemigos del conde. Bien, si no un rey, al menos alguien muy cercano a él.

>Todos oyeron del conde
>con siervos y propiedades.

La fama y ostentosidad de sus riquezas precedieron, de manera no fortuita, a su presentación en la alta sociedad francesa. Todos lo consideraban un caballero.

>¡Pobre quien conozca al hombre!
>Tamaña ruina delante,
>es Montecristo su nombre.

El Conde de Montecristo no es humano. Ningún humano puede comer tranquilamente entre personas de las que ha recibido tanto mal a sabiendas, sin tener la tentación de hendir el tenedor o la cuchara al más cercano, cuando perdonar le ha sido imposible.

Aquél que reconoce a Edmond Dantés, sólo lo hace porque él mismo ha permitido descubrirse. No hay mayor terror que descubrir, tras percibir la desgracia, que la persona que contaba con toda la información necesaria, en la que has confiado y en todo momento te ha dispensado atenciones, coincide con la misma a la que antaño dispensaste ruina.

La ruina es tuya, pero, al mismo tiempo, el alma del conde es una ruina. Una personalidad gélida y taimada que no duda en esperar el tiempo necesario, o aplicar la inteligencia, voluntad y recursos precisos en aquello que se propone, sin importar que las motivaciones sean nobles o viles.

El bueno de Edmond hubiese sido incapaz de todo eso. Es por eso que descubriendo la mascarada, se llega a conocer verdaderamente la terrible personalidad del conde y la crueldad de sus palabras hipócritas.

Iba a poner todo esto como un comentario. Finalmente optaré por dejarlo como un nuevo artículo.

Referencias

URL para referencias

Comentarios

  1. Podéis leerlo también online en http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Lit...

    Andandare — 16-05-2006 17:40:51

  2. No comparto tus conclusiones pero el desarrollo es bastante correcto, aunque yo me inclino más por la crueldad del alma humana y por la forma en que influye el destino en la vida del hombre hasta destrozar su inocencia y cualquier atisbo de principios.
    En cualquier caso, un placer entretenerse en la lectura de tu trabajo.
    Y sospechas mal, soy una de las misteriosas lectoras de mucho más cerca.
    Saludos literarios.

    Tautina — 23-05-2006 09:36:03

  3. Vaya sorpresa, jejeje.

    Este blog se escribe desde Suiza. ¿Seguro que eres de cerca? ;-).

    La única valoración que realicé fue:

    El Conde de Montecristo no es humano. Ningún humano puede comer tranquilamente entre personas de las que ha recibido tanto mal a sabiendas, sin tener la tentación de hendir el tenedor o la cuchara al más cercano, cuando perdonar le ha sido imposible.

    Dantés eligió su camino. Pudo elegir perdonar y/o seguir viviendo su vida y no lo hizo. No condeno o juzgo sus motivos. Que no tenía buenas intenciones es algo que queda patente a lo largo de toda la novela.

    ¿Es con este juicio con lo que no estás de acuerdo, Tautina?.

    Andandare — 26-05-2006 15:55:35

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