Corolarios de nuestras miserias (I)
Es curioso meditar acerca de lo que nos define como seres vivos. De acuerdo con un buen profesor de universidad, los seres vivos somos la única cosa en el universo que tendemos a establecer un orden a partir del caos, mientras todo lo demás es propenso al desorden.
Se me ocurre mencionar, por ejemplo, las organizaciones de personas en empresas, asociaciones, ONG's, etc. Todas tienen en común algo: supervivencia. Nadie desea ser olvidado. O que aquello donde aplica gran parte de sus energías (y tiempo de existencia en la tierra) no tenga razón de ser. O que, de repente, un buen día, alguien demuestre que estábamos equivocados. Queremos perdurar. Y si nosotros no, pues al menos los que nos sucedan. También deseamos que estos sucesores se mantengan fieles a nuestras ideas. Pero todo esto es normal. ¡Somos seres vivos!.
¡Se pueden extraer tantas paradojas interesantes!. Imaginemos una entidad, la más noble del mundo, siempre actuando de buena fe. Además, a priori, parece que hace un gran bien a toda la humanidad. Pero un buen día surge alguien que demuestra sin lugar a dudas que la existencia de esta entidad, tal y como es, va en contra de su fin último. ¿Qué ocurriría con esta entidad?. ¿Sacrificaría su propia existencia por su razón de ser?. Si lo hace, quizás no quedaría nadie para defender aquello que creyó defender hasta la fecha. Pero, por otra parte, ¿qué nobleza habría en la actuación de una entidad consciente de que su existencia es impedimento del avance de su razón de existir, que supedita a su perdurar?.
El hecho de pensar que “quizás no haya nadie como nosotros” para lograr aquello que perseguimos, se me antoja demasiado soberbio.
¡Hay tantas cosas que dejaremos inacabadas!. Sin embargo, creo que una de las más importantes, a tener en cuenta constantemente, es la de hacer saber a la gente que queremos cuánto nos importa. No es nada rebuscado hacer esto. A veces es tan simple como mandar una postal, quedar para tomar un café o ir al cine porque vimos en cartelera una película que nos hizo pensar en esa persona. Incluso llamar por teléfono.
En el reino animal, el hombre es el que más pasión siente por establecer reglas artificiosas. Existen multitud de reglas sociales que pueden restringir a un subconjunto de una comunidad, porque el resto de la comunidad no aprueba esa forma de comportamiento del subconjunto innovador. El que se mueve contra la inercia. El que trata de establecer un orden diferente al establecido. El que -si comparamos con sus equivalencias de animales sociales- no tendrían razón alguna para no darse. Simplemente está “mal visto”, o va “contra el buen gusto”, o vaya a saber usted qué otra razón. Pese a que las prácticas de esta pequeña minoría sólo les afecte a ellos y no tengan mucha mayor trascendencia sobre los demás ni, por supuesto, vulnere alguno de sus derechos.
Un ejemplo, por trivializar y concretar este genérico enfoque, serían jugadores de rol, consumidores de porros (que realicen sus prácticas sin perjudicar a otros) o las personas transgresoras en el vestir.
Sólo algunos logran redefinir en sus vidas algunas de estas reglas para vivirla como realmente les gustaría vivirla.
Referencias
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Como no publicaré nada durante el fin de semana, ahí os dejo el primer pedazo de uno de los artículos más espesos de los que he escrito.
Andandare — 05-05-2006 17:57:09