Circular a todos los caballeros y paladines.
Ya en otro artículo definí lo que consideraba ser un caballero. Sin embargo, ser un caballero no es realmente difícil para aquellos que muestran una mínima preocupación por cultivar la virtud de no pretender hacer daño en general y no buscar su mero beneficio particular.
Una de las películas que me llamó mucho la atención en los últimos años fue “Destino de caballero”. Un chaval de barrio humilde, hijo de techador, aspira a ordenarse caballero. Hay una escena en la que el príncipe menciona “acometes incluso cuando el sentido común aconseja retirarse... y eso también es de caballeros”.
Creo que el príncipe no hiló demasiado fino. Yo diría más bien que éstos últimos serían paladines ("el malo" también era caballero :P). Personas que primero han de creer antes de hacer, pero que una vez asimilada la legitimidad de sus obras y el bien superior al que tratan de servir (sin abandonar su estatus de caballeros), no dudan en aplicar los esfuerzos necesarios hasta caer exhaustos por el desgaste síquico y físico, ya al límite de sus fuerzas.
Algunos caballeros, cual cazarrecompensas, esperan las oportunidades más propicias y las condiciones más favorables para conocer lo que podría marcar de manera dramática sus destinos. Por el contrario, un paladín no siempre aprovechará toda oportunidad. De hecho, no se cruzará de brazos ante el hecho de no tener oportunidad alguna. Ni tan siquiera se desalentará por aquéllos que le digan que algo es imposible.
El paladín acostumbra a ignorar esos comentarios, que siempre surgen, de gentes acostumbradas a la inercia. Cuando no existe oportunidad, él logra encontrarlas o las propicia. Finalmente, y aunque permanece atento al devenir, desprecia el azar, pues tiene claro que personas tan críticas como su dama no será un elemento casual en su vida. Será “su” dama porque dama y paladín lo eligirán así.
Todas sus empresas son acometidas con la misma ilusión aventurera, aunque no todos posean las mismas cualidades. Unos poseen el don de la templanza, otros el don de la racionalidad en el discurso, otros tienen el don de las letras y muy pocos, sólo los más jóvenes, el don de la fe; ser capaces de creer por tiempo indefinido en lo que es refutado continuamente por los hechos que perciben...
Cazarrecompensas, furtivos y trovadores... todos son caballeros. Mas no reciben las tentaciones de un paladín. Golpes a los que su sensible código de honor o escala de valores no siempre permanece incólume. Heridas que se extienden más profundas que cualquier otro mandoble recibido anteriormente sobre su noble coraza.
En los tiempos modernos no ha lugar para el amor cortés, pero sí ha lugar para la sinceridad, la galantería, el respeto, el perdón, la conmiseración, el arrepentimiento, la reflexión, la solidaridad, la compasión y el consuelo.
Todo caballero puede amar. Diferentes tipos de amor son entendidos. Pero de entre los practicados por caballeros hacia sus damas, sólo dos factores marcan la diferencia: quiénes aman y cómo aman. ¿Cuánto valor posee el cariño de un paladín por su dama? ¿puede acaso mensurarse la abnegación?. En cualquier caso, la fidelidad generosamente profesada por ambos ennoblece, engrandece, distingue y destaca de entre todas las personas a ambos amantes.
¡Temblad bandidos! ¡Descubríos caballeros! Ya que, para cierta dama, no haréis sombra del que llega. Pues me parece que lo que oigo pisar en las tablas del puente levadizo son los cascos de la montura de un gran paladín.
¡Ánimo Don Rodrigo!. No desista en su empeño. Cuando le crean vencido ¡embista con más fuerza!. Le aseguro que un día tan sólo su cadáver, sobre la gentil Babieca, será motivo para rendir una ciudad.
Dedicado a mi amigo El Cid Campeador.