El rubí azul.
No hace mucho tiempo, entre la Primera y Segunda Guerra del Oro Negro, hubo un ser atípico que habitaba a pie de playa, no muy lejos de las Columnas de Hércules. Es curioso que a la Primera llamasen Guerra, pues en el momento de iniciar la Segunda nadie pudo atisbar la posibilidad de que aún en nuestros días continuasen combatiendo en la zona.
No era muy conocido y bien pocos lo llamaban por su nombre. Por ello, los lugareños lo calificaron como mejor les pareció, bautizándolo en su propia lengua con un nombre, que por lo ofensivo, no expondré aquí.
En el pueblo de pescadores las generaciones se sucedieron, mientras que este enamorado del río no delataba en su rostro imperecedero su auténtica edad, salvo por pequeñas arrugas en la comisura de sus párpados.
El río traía su alimento, sus mayores alegrías, pero también el más desgarrador de sus sufrimientos.
Se les puede preguntar a las ancianas de la cofradía a qué se dedica tanto tiempo solo, junto al río. La anciana a la que consulté, me mostró su sonrisa desdentada y me relató lo que ella, su madre y la madre de su madre conocían de él.
No está solo. Tiene al río. Con él habla continuamente en una lengua secreta que únicamente él y el río conocen. Dicen que porta una pena con la que el río lo maldijo. Sólo su rugido y su bruma salina pueden aliviarla.
En su niñez lo pudo ver.
Cuando cree oportuno, se desplaza al pueblo para abastecerse de papel y vender sus dibujos, que siempre recrean el devenir de las mareas. Tal vez, tenga la vaga esperanza de que alguien que sepa deshacer su encantamiento, también sepa leer lo que está escrito en sus obras.
Emplea carboncillos naturales. Su estudio está compuesto por asentamientos de ostiones y corales, firmemente sujetos con argamasa de algas. El río lo esculpe para él.
Algunas veces, el río arroja algún tesoro. Cuando no pinta pasea por la orilla, fijándose en la limosna que el río ha dispuesto para él. Escudriña el sonido de las caracolas, para ver si en algunas está el secreto de su liberación.
Pero no le causa mayor pesar que la revelación de otra falsa esperanza. Ya ocurrió con aquéllas monedas antiguas, hermanas desde que se acuñaron. Para no romper su vínculo, y con todo el dolor que puede sentir un único corazón, hubo de arrojarlas al río.
Al cabo de los años, algunos de estos tesoros quisieron volver pero, ¡ay!, siempre se habían demorado el tiempo suficiente para otro duro y reciente desengaño.
Pero en mi estancia en este pueblo de pescadores ocurrió algo digno de contar a mis hijos y a los hijos de mis hijos. El mariscador -como he decidido llamarlo- encontró un tesoro traído por el río. Un tesoro raro, no por su carácter de extraño, sino por lo extraordinario. Un rubí azul. Tras un lustro su corazón se animó.
Interesado por ver el final de su maldición, decidí permanecer en el pueblo de pescadores un mes más.
Un fragmento se desprende de la roca madre. Luego éste, sorteando afluentes y meandros, sufre continuos desgastes por el contacto con el lecho del río. "¿Puede ser cierta ésta, la historia de una joya?" Pulido con el mismo arte casual y cruel de la marea, el mariscador alzó el rubí y se enfrentó al Sol.
Toda su figura se tiñó de azul. En sus ojos la eterna pregunta. "¿Río vas a consentir el liberarme?". Preocupado exhortó directamente a la preciosa piedra. "¿Tienes dueño?" Pero la piedra sólo era una piedra. Y las piedras no pueden hablar. No obstante comenzó a relatar a su tesoro toda su historia desde la época en la que vivía junto a los hombres.
"Por favor río, amigo, no vuelvas a burlarte de mí". Pasaron dos días, período que se dio de plazo para descubrir si se trataba de nuevo de un engaño. Ya estaba listo para marchar cuando la piedra, conmovida por su historia, comenzó a llorar.
"Si puedes hablar dime en este momento si tienes dueño o no". Y la piedra calló de nuevo. Pero el mariscador, podía ver más allá de la mera apariencia y supo comprender que así era. Cegado por la ilusión azul no supo ver. "El mundo ya está bastante divido. No lo habré yo de dividirlo más. Vuelve con tu dueño allá de donde provienes". Y una nueva arruga envejeció su rostro.
Cada tres o cuatro años repite el mismo gesto, tras encontrar aquello que de nuevo lo anima a vivir entre los hombres y penar su pérdida durante otros tantos.
Aún a finales de este mes, cuando el viento cambia bruscamente, puedo oír el grito desolador con el que se desgañita llamando a la última joya que se fue, por el nombre secreto que sólo él y el río conocen. "Astro Azul".
Dijeron que era un rústico. Aunque un paria, muy campechano. Cuando debieron decir que era humano.
Referencias
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Cuando releo este pequeño texto, siento que tengo la misma impresión que debió tener Tolkien cuando en uno de los exámenes que corregía escribió: "En un agujero vivía un hobbit". Ese anciano está adentro mío y me habla (no, no estoy esquizofrénico :D). Sé que quiere librarse de su pena, pero también sé que aún le queda mucho por conocer y amar.
Andandare — 04-10-2005 18:39:56
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Ahora que lo pienso, quizás debió buscar gemas, en lugar de rubíes. ;)
Salud!Andandare — 12-11-2005 17:59:28
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Ahora q lo pienso, ¿cómo se te ocurren esas cosas?, es un texto perfectamente entendible, pienso que refleja demasiada pena y a mi entender un gran afan de conseguir algo q te llene igual q el pescador. Pero sabes? hay un dicho q me gusta mucho y me hace sonreir cada vez lo recuerdo; "smile becouse it the second good thing than you can be with your lips" un beso y sigue asi
Gchiqui — 12-11-2005 23:49:59
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Ahora ya sabes cómo.
Andandare — 03-12-2005 11:48:30